Será culpa del otoño y de sus artimañas para joderme los lunes. Pero me vacía. Me da palizas constantes cuando se sienta en septiembre a esperar a que una balada le cuente lo que hice ayer. Es entonces cuando arrea con toda su fuerza y me despierta con ardores, con sensación de flaqueza y moratones en la espalda. Puto otoño, que revuelve todas las mañanas de los días más oscuros, que juega a diferenciar mis mejores momentos con tímidos gestos que esconden todos los miedos del último verano. Digo yo que será su culpa. Y lo hago porque señalarse a una misma siempre ha estado fuera del alcance de cualquiera que se empiece a querer los martes.
(Que pasen estas horas, jodido reloj muerto)
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